Puente Consultorías Culturales

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FILBO 2019: La gestión cultural como puente para el diálogo entre saberes ancestrales

La más reciente edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, propuso darle una mirada a lo que somos y hacia dónde vamos como país. En el Pabellón Colombia 200 años, se programaron actividades para reflexionar la sociedad que vivimos a partir de la literatura, la historia y la cultura.

 

En ese escenario, se programaron dos conversaciones en las que participaron Milena Polanco, Diva Estela Chota del Águila y Maria del Rosario Chicunque, tres líderes indígenas, de tres departamentos del país muy distantes entre sí, que en principio tenían en común su participación en espacios de formación producidos por Puente, iniciativa que propicia espacios de aprendizaje colectivo y colaborativo en territorios apartados para ampliar la comprensión y lectura de país.

 

 

En dos encuentros, Mile, Diva y Charito, dialogaron sobre cómo sus labores e iniciativas aportan a la preservación de la vida y la cultura de diversos pueblos indígenas. Y reafirmaron a la espiritualidad como elemento transversal en su experiencia en conservar saberes ancestrales.

 

 

Estefanía González de Puente, moderadora de las charlas, preguntó lo que significa ser líder y mujer en comunidades donde desde afuera, solemos asumir que la figura del hombre es bastante fuerte.

 

Al respecto, Mile Polanco nos habló sobre los roles que tradicionalmente desempeñan los hombres y las mujeres en La Guajira y cómo su labor como líder de la Red de Comunicaciones Wayuú es un compromiso de gran envergadura. Refiriéndose a los desafíos de su comunidad, nos dijo que al ser un territorio con tantos problemas, asumirse como líder es un reto que acarrea bastantes riesgos.

 

“Yo he hecho aportes desde la comunicación. Con los procesos que llevamos a cabo, nos hemos convertido en voceras. Lo que hemos hecho es encontrar historias en los territorios y les hemos dado voz y relevancia a ciertos personajes. Y resulta relevante porque hoy estamos en la FILBO, donde precisamente se dan agendas con participación de indígenas y es porque nos hemos dado cuenta que hay que ampliar las formas de narración.”

 

 

Darle vida a las historias del pueblo Wayuú ha sido un camino para la gestión de nuevas posibilidades, "antes éramos temerosas de contar las historia de nuestras comunidades. Por ejemplo si uno les dice a ustedes que hablamos con los árboles ustedes dicen ‘estos indios están locos’, no estamos locos. Nosotros hablamos con los árboles, hablamos con los animales, interpretamos lo que dice el viento, es una cosa que hay que vivirlo, eso hace parte de nuestra espiritualidad y es muy chévere cuando pierdes el miedo a contarlo y empiezas a escribir y le das vida. Eso es una forma de empezar a leerse diferente.”

 

Como comunicadora y como mujer, el quehacer de Mile Polanco ha consistido en atreverse a darle vida y voz a personajes poderosos como Rosario Epieyu, líder del municipio de Manaure en los años 90, localidad con el núcleo de población más grande del desierto en La Guajira y que fue el tema de la crónica que escribió cuando Puente Consultorías estuvo en la comunidad de Majali en 2017.

 

“Hay un movimiento mundial de mujeres que buscamos que nuestros derechos sean visibles, antes éramos tímidas para decirlo y hoy hemos perdido esa timidez y hasta las mujeres indígenas estamos diciendo que esto es importante y en nuestro caso va amarrado a la espiritualidad, a conservar nuestra lengua, la medicina tradicional, a mantener las costumbres y las tradiciones.” explicó.

 

No se trata de irrespetar el trabajo que hacen los hombres, “eso no es”, recalca, se trata de encontrar espacios para diálogos colectivos. “Como mujeres propiciamos que los diálogos sean inagotables y que todo sea solucionado a través de la palabra”. Concibe que es través de la sabiduría de la mujer como se logra mantener la armonía. Y eso no solo pasa al interior de las comunidades indígenas, nos recuerda “las mujeres damos soluciones y por eso es necesario que asumamos nuestro rol”.

 

En los diferentes territorios que ha recorrido Puente, señaló Estefanía, han conocido a hombres y mujeres que están construyendo país. Además de la palabra escrita, Puente cuenta con experiencias de abordaje desde la fotografía documental y el registro sonoro. En todos los casos apunta: “encontramos una coherencia muy particular, todo lo que están haciendo tiene un mismo sentido, un equilibrio entre lo sagrado, la palabra y el territorio, alrededor de esto construyen el día a día”.

 

Para comprender mejor el sentido espiritual y cómo se pone en práctica en el mundo de hoy, Charito, mujer kamsá del Putumayo y líder de la Asociación de Mujeres Indígenas, ASOMI, habló sobre su trabajo que involucra juntar a las mujeres ancianas con las jóvenes de la comunidad, para comunicarse entre ellas y con el resto del mundo y a partir de allí, proteger lo que se ha construido desde muchas generaciones atrás. De manera que a través de la enseñanza de los mayores, siguen un camino para trabajar la tierra y la chagra y ante una realidad tan cambiante como la que vivimos advierte, es importante seguir marcando los caminos.

 

“Tanto los indígenas como los no indígenas lo que hoy disfrutamos es gracias a nuestros antepasados, es gracias a nuestros sabios y sabias que han conservado por cientos de años un legado ancestral, resistiendo a la conquista y a la colonización, preservando formas de vida que protegen y conservan a la madre tierra, que es la que nos alimenta, nos sostiene y permite que sea posible nuestra vida. Para nosotros, la relación entre lo sagrado, la palabra y la tierra, implica vincularnos en un mismo ser, en un mismo pensamiento y en un mismo sentimiento porque al fin y al cabo todos somos defensores de la vida.”

 

Reconoce que estos caminos son procesos bastante arduos y de mucha responsabilidad, nos detalla: “nosotros vivimos en las cabeceras de la montaña andino amazónica, donde nacen los ríos que abastecen y enriquecen el río Amazonas, como el río Putumayo, un río sagrado para las comunidades indígenas y que desafortunadamente su caudal de agua está bastante reducido por la contaminación. Pasa lo mismo con los ríos Caquetá y el río Guamués y nosotros somos conscientes que en la rivera de esos ríos habitan muchas comunidades indígenas, afros y campesinas”.

 

Es un gran reto para una organización indígena hacer frente a estos graves problemas porque son comunidades que subsisten básicamente de la pesca, la caza y la agricultura y más aún si se tiene en cuenta la dispersión geográfica en la que se encuentran.

 

 

En ASOMI, se movilizan a pesar de las dificultades, “trabajamos en la articulación con cinco grupos étnicos: los Inga, Siona, Kofan, Kamentsá y Coreguaje. Hacemos conversatorios para generar conciencia y proteger el territorio desde lo colectivo.” Dinamizan la conexión espiritual, cultural y territorial a partir del aprendizaje e intercambio de conocimiento ancestral en su trabajo y pensamiento.

 

Gracias al testimonio de Charito, el camino por recorrer queda trazado más claramente.

 

Retomando el título de las charlas: Lo sagrado, la palabra y la tierra, vemos como cada una de estas mujeres, desde diferentes ejercicios, le pone más énfasis a alguno de los elementos, Mile lo hace a través de la palabra, que logra que los imaginarios de La Guajira tomen fuerza. Charito, se vale de la articulación entre saberes ancestrales y la relación con la madre tierra, para rescatar lo sagrado y conservar el equilibrio en la chagra de la vida.

 

En el caso de Diva, indígena tikuna del Amazonas, su labor la lleva a cabo a través del resguardo de la tierra y de las prácticas tradicionales, para conservar desde ahí la riqueza de un país. Trabajadora del Parque Nacional Amacayacu, compartió la importancia de la puesta en valor de las tradiciones en los procesos de protección de territorios y de las etnias que las habitan.

 

 

 “Vengo de la parte sur del Amazonas, del último rincón en el Municipio de Leticia, donde compartimos con otras etnias como los Yaguas, Uitotos y Tokamas. Estoy aprendiendo a tomar fotografías para poder hablar desde la fotografía, para poder contar muchas cosas que pasan en nuestros territorios y están en silencio, no se saben”.

 

Dentro de esa búsqueda de comunicación y que sean los elementos los que hablen en sí mismos, Diva presentó algunos objetos cotidianos que sirven tanto para describir los roles que se tienen dentro de comunidad como para transmitir el conocimiento que sus antepasados les han brindado para vivir en armonía con la madre tierra y ante los cuales asumen el deber de preservar porque “si no sabemos tejer un canasto o no podemos sembrar una chagra, se empiezan a ver formas de vida que no se corresponden con nosotros ni con nuestra alimentación” nos dice.

 

Aprendimos que el canasto no es solo para los alimentos, sino que también podemos poner semillas para la producción de pensamientos y formas de vida. En la procura de los alimentos aún utilizan armas tradicionales. En el caso de la pesca, cuentan con varios tipos de canoas y remos. “Hay remos para desplazarse por largos trayectos, hay un remo para navegar muy despacio, con mucho cuidado para no ahuyentar el pescado y está el remo triangular para tener un manejo de la canoa cuando el río tiene mucho oleaje”.

 

Para las mujeres, “el tejido representa nuestra forma de sostener los pensamientos. La mochila representa un conocimiento, ponemos nuestros pensamientos y los cargamos siempre en mochilas”.

 

La yuca hace parte preponderante de los alimentos y sirve también para el masato y el casabe, utilizados en las ceremonias dentro de la comunidad.

 

Diva nos describió la función y el significado del tipití y las totumas, así como también la grandeza de la ceiba y la importancia del respeto por los seres vivos que hacen parte de la naturaleza.

 

 

Para cerrar los encuentros y de manera muy simbólica, conocimos el huito, fruto del árbol de la Jagua, que su tinta natural sirve para pintar la piel entre otros usos.

 

Este encuentro sirvió para conocer los liderazgos, testimonios de trabajo local y perspectivas en comunidades indígenas de La Guajira, Amazonas y Putumayo. Y así como el huito, deja una huella que perdura con el paso de los días.

 

 

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